La Carreta y el empresario ebrio

La carreta

En la Ciudad de Guatemala a inicios de los años mil novecientos noventa, aún se veían y utilizaban las carretas de madera jaladas por sus dueños, humildes y trabajadores ciudadanos muchas veces descalzos, que prestaban servicio de transporte de mercadería entre diferentes puntos de la ciudad. Actualmente eso quedó para la historia ya que se utilizan otros medios de transporte especialmente picops colmados hasta el cielo y desafiando descaradamente a Newton y todas sus propuestas.

En esa oportunidad tenía que comprar varios sacos de cemento para unas reparaciones que realizaba en un domicilio de la zona uno, no lejos del Cerrito del Carmen. Para ello caminé hacia el barrio de La Parroquia, a unas ocho cuadras de donde hacia los trabajos, a comprar los materiales.

Enfrente a la Iglesia de La Parroquia, en donde termina la calle Martí y comienza la Calzada Milla y Vidaurre, del otro lado de la calle había una distribuidora de materiales así que allí compre lo que necesitaba. Del lado de la Iglesia a un costado estacionaban diariamente más de veinte carretas una a la par de la otra, esperando su turno para hacer la carrera respectiva y ganar unos quetzales para el sustento diario.

Para mi sorpresa no habían carretas esa mañana, todas estaban ocupadas menos una. Me dirigí hacia esa única carreta pero no estaba el dueño. Pregunté por él y me comentaron que por allí andaba pero que estaba enfermo.
Finalmente apareció el carretero pero se veía muy pálido y tenía un fuerte golpe sangrante en la cabeza ya vendada.

Le pregunte si podía hacer la carrera y me insistió que sí. Cargamos pues los materiales y comenzamos a caminar despacio, pero antes de una cuadra el paso se volvió más lento y antes de dos cuadras el jalador cayó exhausto al suelo.

Que hacer? No había otro camino más que seguir adelante. Primero comprobé que aquel hombre estuviera bien. Efectivamente, lo que tenía era una borrachera o la resaca de una borrachera colosal. No hubo más opción que cargarlo y montarlo a la carreta. Finalmente, tuve que jalar la carreta con los materiales y al dueño encima hasta el lugar de la construcción. Llegamos bien y el ejercicio fue reconstituyente.

Quizás lo peculiar consistió en que además de cargar con todo, tuve que pagarle al hombre los cinco quetzales de la carrera para que fuera a curarse o al menos a emborracharse para aliviar el malestar que debe de haber estado experimentando en ese momento!

Y pudimos continuar con la reparación del techo de la casa sin ninguna novedad…

About Federico Salazar

Ingeniero Quimico de TEC de Monterrey, con estudios de Maestria de la Universaidad Central de Venezuela, Master en Medio ambiente y Energias Renovables de la EUDE - Escuela Europea de Dirección y Empresa y Real Centro Universitario Escorial Maria Cristina. Diplomado en Integracion Regional de la Universidad Rafael Landivar, Guatemala y Universidad de Pisa, Italia. Diplomado en Instrumentacion Industrial de la Universidad de San Carlos de Guatemala y la ATIGUA Asociacion de Tecnicos Instrumentistas de Guatemala. Graduado del Curso de Especialización en Nanotecnología de la Dirección General de Investigación DIGI. Universidad de San Carlos de Guatemala. Docente, investigador y asesor educativo.
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